Durante años, la venta inmobiliaria se apoyó en la paciencia del cliente: visitas presenciales, maquetas físicas y largas explicaciones. Ese modelo ya no existe.
Durante años, la venta inmobiliaria se apoyó en la paciencia del cliente: visitas presenciales, maquetas físicas y largas explicaciones. Ese modelo ya no existe.
En la era del marketing digital y la inteligencia artificial, muchas inmobiliarias han caído en la trampa de creer que la automatización lo resuelve todo. Generar leads, filtrarlos con scoring, responder con correos automáticos… la maquinaria parece eficiente.
En el mundo inmobiliario, una reunión con un cliente debería ser el escenario donde la empresa transmite su propuesta de valor, fortalece la confianza y acerca al prospecto a la decisión de compra.
Durante años, el showroom físico fue el corazón de las ventas inmobiliarias: salas de ventas, pilotos amoblados, maquetas y pantallas con renders. Era el lugar donde se producía la magia. Pero el mundo cambió. Hoy gran parte de los compradores ya no están en la misma ciudad, ni siquiera en el mismo país, del proyecto que evalúan.
El segundo semestre se viene cargado de eventos inmobiliarios en Chile. Y ojo: estas ferias ya no son solo stands con maquetas y folletos. Hoy son vitrinas de innovación, networking y tendencias globales que marcan la pauta de cómo se compra, invierte y vende en el mundo inmobiliario.
En los últimos años, la industria inmobiliaria ha entrado en una verdadera fiebre por los leads. Campañas digitales, portales especializados, redes sociales y landing pages multiplican contactos a diario. La lógica parece ser: “cuantos más leads tengamos, más ventas lograremos”.
En el negocio inmobiliario, muchos leads terminan muriendo en el camino. El recorrido típico es largo:
Este año, PuntoTouch fue invitado a participar en la Expo Real Estate Argentina 2025 y queremos comenzar agradeciendo la oportunidad de ser parte de este encuentro que reunió a los principales protagonistas del sector inmobiliario en la región.
En los últimos años, el bienestar dejó de ser un lujo y empezó a ser una expectativa en el mercado inmobiliario. Proyectos que incorporan espacios verdes, iluminación natural, materiales saludables, vistas despejadas y amenities para la mente y el cuerpo —desde salas de yoga hasta senderos para caminar— no solo atraen a un segmento premium, sino que se están convirtiendo en el estándar para quienes buscan invertir en calidad de vida.
En la venta inmobiliaria solemos asumir que el inversionista es frío, calculador y puramente numérico. Se piensa que, a diferencia del comprador que busca su primera casa, al inversionista solo le importa el retorno, la plusvalía y la ubicación. Y aunque esos factores son cruciales, hay una verdad incómoda: el inversionista también compra emociones. Simplemente no lo expresa igual.
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