En una presentación inmobiliaria suele asumirse que el cliente “ve todo”.
La realidad es distinta: ve poco, ve selectivamente y recuerda aún menos.

Entre lo que el ejecutivo muestra, lo que el cliente entiende y lo que realmente influye en su decisión, hay una brecha enorme. Y esa brecha casi nunca se mide.


El mito de la presentación completa

Muchos equipos creen que una buena presentación es aquella que recorre todas las carpetas:

  • Galerías

  • Planos

  • PDFs

  • Promociones

  • Disponibilidad

  • Videos

Pero mostrar todo no significa que todo sea visto, ni mucho menos que todo tenga impacto.

En la práctica:

  • El cliente pierde atención rápidamente.

  • Algunas secciones se saltan sin darse cuenta.

  • Otras se muestran por inercia, no por interés real.

  • Nadie sabe qué fue clave y qué sobró.

Sin datos, todo queda en percepción.


Lo que realmente ocurre durante una presentación

Cuando un cliente se sienta frente a una pantalla (en sala u online), suceden tres cosas:

  1. Decide muy rápido si le interesa seguir
    Los primeros minutos son críticos. Si ahí no hay impacto visual y claridad, el resto pierde peso.

  2. Conecta más con lo visual que con lo técnico
    Imágenes, contexto y recorridos generan más atención que tablas, planos o textos largos.

  3. Muestra interés sin decirlo explícitamente
    El tiempo que pasa en una sección, las preguntas que hace o cuándo se inclina hacia la pantalla dicen más que un “me gusta”.

El problema es que casi nunca se registra nada de esto.


Presentar sin métricas es vender a ciegas

Sin medición, los equipos no saben:

  • Qué módulos se muestran realmente.

  • Cuánto tiempo se dedica a cada sección.

  • Qué partes casi nunca se abren.

  • Si todos los ejecutivos cuentan la misma historia.

  • En qué punto suele caer la atención del cliente.

Esto genera consecuencias directas:

  • Relatos inconsistentes.

  • Material obsoleto que sigue circulando.

  • Decisiones tomadas por intuición, no por evidencia.

  • Dificultad para mejorar el discurso comercial.


                             

Medir no es controlar, es mejorar

Cuando se mide el uso real del contenido, pasan cosas interesantes:

  • Se detectan secciones irrelevantes que solo estorban.

  • Se refuerzan los momentos clave del relato.

  • Marketing y ventas empiezan a hablar el mismo idioma.

  • El equipo aprende qué funciona y qué no.

La métrica no sirve para vigilar al ejecutivo, sino para afinar el proceso de venta.


De mostrar contenido a conducir la decisión

El objetivo nunca fue “mostrar todo el proyecto”.
El objetivo es conducir al cliente por un recorrido claro, atractivo y coherente, que termine en una acción concreta: avanzar, visitar, reservar.

Para eso, es fundamental saber:

  • Qué ve el cliente.

  • En qué orden.

  • Durante cuánto tiempo.

  • Y qué impacto tiene cada parte del contenido.

Sin esa información, cualquier mejora es un tiro al aire.


Conclusión

Si no sabes qué está viendo tu cliente, no estás presentando: estás improvisando.

Medir el recorrido no solo mejora las presentaciones, también ordena al equipo, alinea el discurso y convierte cada reunión en una oportunidad real de cierre.

Hoy, vender mejor no pasa por tener más material, sino por entender cómo se usa y qué efecto genera.

Si quieres ayuda contáctanos y te ayudamos a mejorar tus procesos de ventas: hola@puntotouch.com