
Los primeros cinco minutos de una reunión comercial no sirven para vender.
Sirven para responder una pregunta mucho más importante: ¿vale la pena seguir escuchando?
Esa decisión ocurre mucho antes de que aparezca el precio, de que se abra el primer plano o de que el vendedor explique las características del producto. En cuestión de minutos, el cliente decide si está frente a una reunión que le aportará valor o frente a otra presentación igual a todas las anteriores.
Y esa decisión condiciona todo lo que viene después.









