Cuando las ventas se frenan, la reacción automática del mercado inmobiliario suele ser la misma: bajar el precio. Bonos de pie, descuentos relámpago, meses gratis de dividendo… todos los competidores corren hacia el mismo lado. ¿El problema? Cuando todos bajan el precio, nadie se diferencia. Terminas en una carrera hacia el fondo, donde el único ganador es el cliente que compra más barato, pero tú pierdes margen y valor percibido.










