En la venta inmobiliaria solemos asumir que el inversionista es frío, calculador y puramente numérico. Se piensa que, a diferencia del comprador que busca su primera casa, al inversionista solo le importa el retorno, la plusvalía y la ubicación. Y aunque esos factores son cruciales, hay una verdad incómoda: el inversionista también compra emociones. Simplemente no lo expresa igual.
La emoción detrás del cálculo
Un inversionista revisa tasas, arriendos proyectados, metros cuadrados. Pero al final del día, lo que busca es tranquilidad: saber que su dinero está en un lugar seguro, que el proyecto se arrienda rápido, que no habrá sorpresas que afecten su rentabilidad. Esa tranquilidad es una emoción.
También busca confianza: confiar en el equipo que vende, en la información que recibe y en la claridad de la presentación. Y esa confianza no se construye solo con números; se construye con la forma en que esos números se presentan y se explican.
Dos formas de presentar el mismo proyecto
La presentación desordenada
Imagina un inversionista en una reunión virtual:
El ejecutivo comparte un PDF lleno de tablas y renders pequeños.
Salta de un dato a otro sin orden, tratando de cubrirlo todo.
La información clave —como tasas de arriendo o proyección de plusvalía— aparece enterrada en la página 24.
El inversionista termina con más dudas que respuestas. Anota los números en su propio Excel y sigue comparando con otros proyectos. Lo único que recuerda: el precio.
La presentación bien guiada
Ahora imagina otra reunión, mismo inversionista:
La presentación abre con una visión clara del proyecto, contexto del barrio y principales beneficios.
Luego se despliega la información relevante para él: cifras de arriendo, comparativos de mercado, proyecciones realistas.
Todo fluye en orden lógico y visualmente atractivo, permitiendo hacer zoom en los puntos que importan sin perder el hilo.
El resultado es distinto: el inversionista entiende y confía. Ya no solo ve números; ve una oportunidad. Percibe profesionalismo y se siente seguro de avanzar.
Por qué esto importa hoy más que nunca
El mercado está saturado. Los inversionistas reciben decenas de propuestas al mes, muchas casi idénticas entre sí. La única diferencia suele ser quién explica mejor el valor real del proyecto y genera más confianza.
Si el discurso es plano y desorganizado, el inversionista lo olvida en minutos. Si la presentación lo hace sentir seguro —aunque sea de forma sutil—, se queda grabada.
La emoción invisible: profesionalismo
El profesionalismo también se siente. Una presentación clara y bien diseñada transmite que el proyecto está cuidado en cada detalle. Y eso importa tanto para quien busca vivir ahí como para quien busca invertir. El inversionista puede no emocionarse con la terraza o la cocina, pero sí con saber que el equipo detrás es sólido y confiable.
¿El precio importa? Claro. Pero no lo es todo.
Al final, el inversionista va a evaluar números. Pero si la experiencia de presentación es caótica, esos números se diluyen entre dudas. En cambio, si la experiencia es fluida, ordenada y profesional, el inversionista percibe el proyecto como una apuesta segura, incluso si no es el más barato.
La próxima vez que pienses en el inversionista…
No lo veas solo como “el cliente racional”. Recuerda que su emoción es la seguridad. Haz que la información se sienta confiable, clara y bien pensada. Cuando logras eso, el precio deja de ser el único factor en la conversación.
En PuntoTouch ayudamos a que tu equipo transmita esa seguridad y profesionalismo en cada reunión, presencial u online. Si quieres que tus presentaciones impacten tanto a familias como a inversionistas, escríbenos a hola@puntotouch.com.
"El inversionista también compra emociones (aunque no lo diga)"
En la venta inmobiliaria solemos asumir que el inversionista es frío, calculador y puramente numérico. Se piensa que, a diferencia del comprador que busca su primera casa, al inversionista solo le importa el retorno, la plusvalía y la ubicación. Y aunque esos factores son cruciales, hay una verdad incómoda: el inversionista también compra emociones. Simplemente no lo expresa igual.
La emoción detrás del cálculo
Un inversionista revisa tasas, arriendos proyectados, metros cuadrados. Pero al final del día, lo que busca es tranquilidad: saber que su dinero está en un lugar seguro, que el proyecto se arrienda rápido, que no habrá sorpresas que afecten su rentabilidad. Esa tranquilidad es una emoción.
También busca confianza: confiar en el equipo que vende, en la información que recibe y en la claridad de la presentación. Y esa confianza no se construye solo con números; se construye con la forma en que esos números se presentan y se explican.
Dos formas de presentar el mismo proyecto
La presentación desordenada
Imagina un inversionista en una reunión virtual:
El ejecutivo comparte un PDF lleno de tablas y renders pequeños.
Salta de un dato a otro sin orden, tratando de cubrirlo todo.
La información clave —como tasas de arriendo o proyección de plusvalía— aparece enterrada en la página 24.
El inversionista termina con más dudas que respuestas. Anota los números en su propio Excel y sigue comparando con otros proyectos. Lo único que recuerda: el precio.
La presentación bien guiada
Ahora imagina otra reunión, mismo inversionista:
La presentación abre con una visión clara del proyecto, contexto del barrio y principales beneficios.
Luego se despliega la información relevante para él: cifras de arriendo, comparativos de mercado, proyecciones realistas.
Todo fluye en orden lógico y visualmente atractivo, permitiendo hacer zoom en los puntos que importan sin perder el hilo.
El resultado es distinto: el inversionista entiende y confía. Ya no solo ve números; ve una oportunidad. Percibe profesionalismo y se siente seguro de avanzar.
Por qué esto importa hoy más que nunca
El mercado está saturado. Los inversionistas reciben decenas de propuestas al mes, muchas casi idénticas entre sí. La única diferencia suele ser quién explica mejor el valor real del proyecto y genera más confianza.
Si el discurso es plano y desorganizado, el inversionista lo olvida en minutos. Si la presentación lo hace sentir seguro —aunque sea de forma sutil—, se queda grabada.
La emoción invisible: profesionalismo
El profesionalismo también se siente. Una presentación clara y bien diseñada transmite que el proyecto está cuidado en cada detalle. Y eso importa tanto para quien busca vivir ahí como para quien busca invertir. El inversionista puede no emocionarse con la terraza o la cocina, pero sí con saber que el equipo detrás es sólido y confiable.
¿El precio importa? Claro. Pero no lo es todo.
Al final, el inversionista va a evaluar números. Pero si la experiencia de presentación es caótica, esos números se diluyen entre dudas. En cambio, si la experiencia es fluida, ordenada y profesional, el inversionista percibe el proyecto como una apuesta segura, incluso si no es el más barato.
La próxima vez que pienses en el inversionista…
No lo veas solo como “el cliente racional”. Recuerda que su emoción es la seguridad. Haz que la información se sienta confiable, clara y bien pensada. Cuando logras eso, el precio deja de ser el único factor en la conversación.
En PuntoTouch ayudamos a que tu equipo transmita esa seguridad y profesionalismo en cada reunión, presencial u online. Si quieres que tus presentaciones impacten tanto a familias como a inversionistas, escríbenos a hola@puntotouch.com.